DOS PUNTOS DE ENCUENTROS

 


Mercedes Elena corría por el ruidoso aeropuerto, con el corazón acelerado. Llevaba varios meses alejada de su amado José Quintiliano, quien la esperaba en la terminal de llegadas. El reencuentro prometía ser apasionante y amoroso, pero para Mercedes Elena el tiempo parece haberse detenido y añora ver a su pareja después de tanto tiempo separados.

Después de pasar varios meses en Europa, se sentó en el porche de la casa de su padrino con la esperanza de estar en los brazos de José Quintiliano. Retrocediendo en el tiempo, recuerda el día que conoció a José Quintiliano, cuando esperaba a sus compañeros en la biblioteca pública. Distraída mirando las actividades por hacer. Sintió una mano en su hombro, se levantó de un salto, vio la sonrisa pícara de José Quintiliano, y lo que le dijo - lo siento, pensé que era mi reina del ajedrez. Sonrió ante su ingenio. Desde ese momento, Mercedes y José se dieron cuenta de que tenían una química especial y que se sentían atraídos el uno por el otro. Ambos, se contaron sus experiencias, sueños, el deseo de conocer el mundo y vivir aventuras.

Recordó el fatídico día en que rompieron, cuando sus padres rechazaron su noviazgo. Decidieron enviarla a Europa con su padrino diplomático. Ninguno de ellos dejó de escribirse y de soñar con el amor que los uniría.

   Sus padres no contaban con la influencia de Afrodita, quien ya había bendecido el amor de la pareja. Afrodita se le parce en sueño al padrino, envía de paseo a tu esposa y a Mercedes Elena a Roma. Mercedes se puso en contacto con José después de enterarse de la noticia. Te envió con mi amiga Celestina, un pasaje para Roma. Es la oportunidad de permanecer unidos para siempre.   

Al llegar, Mercedes Elena lo busca entre la multitud, sus ojos se encontraron con los de José Quintiliano, quien la miraba con una sonrisa. Corren el uno hacia el otro, sin importar lo que suceda a su alrededor. Se abrazaron fuertemente, como si el tiempo y la distancia desaparecieran en ese momento. Otros pasajeros y transeúntes los miraban con una mezcla de ternura y envidia, sintiendo la magia de la unión.

En medio del bullicio del aeropuerto, el ruido de arrastrar maletas y el parloteo de otras personas, Mercedes y José se encuentran en su propio mundo de amor y participación. Se miraron a los ojos y una profunda conexión los invadió, como si todo el universo se hubiera alineado en ese momento.

Entre lágrimas de alegría y sonrisas contagiosas, se prometieron su amor eterno y sus ganas de no estar separados por tanto tiempo. En ese momento, el aeropuerto se convirtió en el lugar donde se reencontraron, el lugar donde el tiempo se detuvo y dio paso a un momento de pura felicidad y amor.

Desde entonces, cada vez que Mercedes Elena y José Quintiliano regresaban al aeropuerto, recuerdan aquel mágico reencuentro que selló su amor, convirtiendo aquel lugar en un testigo silencioso y cómplice de su historia de amor. Y como siempre, comparten un taxi y hotel para disfrutar los dos puntos de encuentros.

Luis Américo

 

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